La Paternidad Espiritual: ¿Rey o Padre?
Por:~Sydney Stair
Mi libro ADN Paternidad Espiritual nació de una profunda y seria preocupación ante los malos ejemplos y desviaciones que observé de cerca en la Reforma Apostólica. Escribirlo me tomó varios años, pues a medida que veía el avance de este movimiento, más vacíos y defectos estructurales salían a la luz. He tenido la ventaja ministerial de vivir en primera fila varias transiciones de la Iglesia contemporánea. Nací en 1957, en pleno apogeo de la Reforma Pentecostal, donde me convertí. Luego presencié la Renovación Carismática, el despunte de grandes evangelistas en los 60, la restauración de los maestros en los 70, de los profetas en los 80 y, finalmente, la de los apóstoles en la década de los 90, siendo esta última la reforma que más tiempo ha tomado consolidarse.
En la época en que me desarrollé, el concepto de "paternidad espiritual" simplemente no se manejaba. El pastor solía ser visto como un rey inalcanzable detrás del púlpito, como un empleado de su organización corporativa o, en el mejor de los escenarios, como un buen pastor. El concepto de paternidad surge propiamente con la Reforma Apostólica, pero lamentablemente ha sido uno de los peor entendidos y más manipulados.
Para comprenderlo de verdad, debemos analizar la abismal diferencia entre un rey y un padre. Un rey posee una mentalidad de escasez y rivalidad: no soporta que otro tenga mayor popularidad, estima o sabiduría que él en su propio reino. Si alguien destaca, lo atrae temporalmente para nutrirse de su conocimiento y luego lo desplaza para seguir brillando solo. Además, cuando alguien decide bajarse de su barco y alejarse, el rey reacciona desde el ego, maldiciendo y acusando de traición.
Un padre opera bajo una frecuencia completamente opuesta, basada en el legado. El padre siempre deseará, impulsará y se alegrará de que su hijo tenga mayor popularidad, estima y conocimiento que él. Su éxito es el éxito del hijo. Y si por alguna razón el hijo decide alejarse, el padre no desata maldiciones; por el contrario, mantiene los brazos abiertos esperando con gracia su retorno a casa.
En esta dinámica de liderazgo paterno, te encontrarás con tres tipos de personas que te llamarán "padre": los hijos de crianza, que habitan la casa pero al no estar legalmente adoptados se pueden marchar en cualquier momento (su verdadera naturaleza solo se revela cuando llega el momento de la disciplina); los hijos adoptivos, a quienes no engendraste pero decidiste darles tu apellido y cobertura; y los hijos verdaderos, aquellos que nacieron espiritualmente contigo, permanecen en los tiempos difíciles, llevan tu ADN y nunca se irán de tu lado. Como nos recuerda Gálatas 4:5: “fuimos redimidos de la ley para recibir precisamente la adopción de hijos".
Por lo tanto, es una ilusión para cualquier pastor o evangelista asumir que todo aquel que nace de nuevo bajo su mensaje se convertirá en su hijo espiritual; de la misma forma en que un recién convertido no puede pretender que quien le predicó asumirá el rol de padre. Jesús tuvo miles de seguidores, pero solo a Juan lo llamó hijo; el apóstol Pablo, con todo su alcance, solo a tres llamó hijos verdaderos. Si deseas profundizar en esta dinámica y aprender a sanar el liderazgo a través de un diseño de paternidad saludable, te invito a leer mi libro ADN Paternidad Espiritual. Puedes solicitar tu ejemplar escribiéndome directamente a ystair@gmail.com.
Con Cariño,
Sydney Stair
Puedes solicitar tu ejemplar escribiéndome directamente a ystair@gmail.com.