El Rol de la Paternidad
Por:~Sydney Stair
Rompiendo el Círculo Vicioso
No existen universidades para padres. Mi padre quiso hacer un excelente trabajo criándome, pero me dañó en el intento. Fui el único hijo de una relación madura —mi madre me dio a luz a los 45 años—, lo que provocó que mi relación con papá fuera estrictamente académica. Sin hermanos con quienes jugar, crecí en un entorno rígido y fui llevado a la iglesia desde temprana edad. Allí, mis maestros de juventud, aunque bienintencionados y deseosos de agradar a Dios, cometieron el grave error de liderar a través de la ley, forjando una generación atrapada en el legalismo. Fuimos privados de diversiones sanas bajo la premisa de que a Dios no le agradaban el fútbol dominical, el cine o la playa. El resultado fue trágico: muchos de mis compañeros de infancia no resistieron el peso de la religión y se marcharon al mundo, buscando fuera de las cuatro paredes de la iglesia los sueños que allí se les negaron.
Hoy, al mirar atrás, veo que algunos han regresado tras dar muchas vueltas, pero otros siguen esclavos del sistema. Oro por ellos, para que en el tiempo de vida útil que les queda puedan reincorporarse a las filas de los hijos de Dios. La realidad es cruda: no hay escuelas que enseñen a un hombre a ser padre; esa dinámica se aprende por modelaje en el seno del hogar. ¿Pero qué sucede cuando nuestro propio progenitor también fue dañado por quienes lo criaron? Se perpetúa un círculo vicioso de liderazgo disfuncional que se traslada de generación en generación si nadie se atreve a detenerlo.
Detrás de la celebración del Día del Padre, existe una realidad invisible que golpea al mundo: la ausencia. A nivel global, se calcula que existen entre 143 y 153 millones de niños en condición de orfandad, una cifra alarmante que equivale a casi la mitad de la población de los Estados Unidos. La velocidad de esta crisis es desgarradora: cada 15 segundos, un niño en algún rincón del planeta pierde a su padre o a su madre debido a la violencia, las enfermedades o la pobreza extrema. La orfandad no es solo la pérdida física; es la ausencia del diseño de protección y guía que todo ser humano necesita.
Esta crisis no es exclusiva de países en desarrollo. En los Estados Unidos, el sistema de hogares de crianza temporal (Foster Care) alberga actualmente a más de 328,000 menores, de los cuales más de 70,000 esperan desesperadamente ser adoptados. Lamentablemente, la burocracia y el temor provocan que, aunque un tercio de la población considera la adopción, solo el 2% dé el paso final. El eslabón más frágil de esta cadena lo componen los más de 15,000 jóvenes que cada año cumplen la mayoría de edad y son emancipados por el gobierno: son lanzados a la calle a construir una vida en absoluta soledad, sin una familia a la cual llamar o un lugar al que nombrar "hogar".
Como líderes, no podemos ser indiferentes a estas cifras ni a nuestras propias historias de crianza. El Día del Padre es una plataforma para sanar el pasado, asumir la responsabilidad del presente y transformar el futuro. Si fuiste un hijo dañado, tienes la oportunidad de ser el líder que detenga el círculo vicioso en tu casa y en tu organización. La verdadera paternidad, al igual que el verdadero liderazgo, no se trata de perfección, sino de presencia, redención y de ofrecer la gracia que un día nos fue negada.
Con Cariño,
Sydney Stair