El secreto está en saber esperar
Por:~Sydney Stair
Es una realidad ineludible: se puede ser una persona íntegra, llena de fe y del Espíritu Santo, y aun así atravesar el sufrimiento. Haber predicado el Evangelio toda la vida no nos hace inmunes a terminar en la cama de un hospital por una enfermedad de la cual, paradójicamente, vimos a Dios sanar a otros a través de nuestras propias oraciones. La fe no nos exime de las pruebas de este mundo; por lo tanto, enfrentar dificultades no significa que Dios nos ha desamparado o que estemos haciendo algo mal. El mejor ejemplo lo encontramos en Esteban, un varón lleno de gracia y poder, cuyo rostro reflejaba la gloria misma de un ángel (Hechos 6:5, 15) y que, sin embargo, terminó sus días siendo apedreado mientras invocaba al Señor (Hechos 7:59-60).
Hay ocasiones en que el dolor se vuelve insoportable, momentos en los que clamamos al cielo por ayuda y pareciera que el silencio es la única respuesta. No obstante, la verdad central de las Escrituras es que Dios escucha cada uno de nuestros clamores, aunque Su intervención no siempre ocurra en el tiempo o de la forma que quisiéramos. Curiosamente, la muerte de Esteban por causa del Evangelio, lejos de desanimar a los creyentes de la iglesia primitiva, los llenó de un valor inquebrantable para continuar la misión. El sufrimiento, cuando se vive con la perspectiva correcta, no destruye la obra, sino que la consolida.
Lamentablemente, un gran número de predicadores contemporáneos insisten en difundir un evangelio "lite", asegurando de manera simplista que al entregar la vida al Señor todos los problemas desaparecerán. La experiencia y la realidad nos demuestran que esto no es cierto, y el mismo Jesús fue categórico al decir: "Tomen su cruz y síganme" y "En el mundo tendrán aflicción; pero confiad...". La falta de esta comprensión teológica y práctica ha provocado que incluso pastores y líderes se declaren ateos y abandonen el camino estrecho, simplemente porque Dios no respondió a sus oraciones en el plazo que ellos esperaban.
En cuanto a Dios, perfecto es Su camino y acrisolada Su palabra; Él sigue siendo el escudo de todos los que en Él esperan (2 Samuel 22:31). Cuando los milagros tardan o las respuestas no se alinean con nuestras expectativas humanas, la fe madura se sostiene no por lo que ve, sino por Aquel en quien ha creído. Al final del día, el verdadero secreto de la vida cristiana no radica en la ausencia de tormentas, sino en saber esperar con paciencia y confianza en la soberanía divina.
Con Cariño,
Sydney Stair