El peligro de los títulos sin fundamento

Por:~Sydney Stair

Un llamado a la madurez eclesial

Un error crítico y recurrente en la dinámica del neopentecostalismo —especialmente visible en el modelo de gobierno apostólico y profético— es la proliferación indiscriminada de nombramientos pastorales para cada departamento que el pastor principal decide desarrollar. Es sumamente común observar la consagración de "pastores" de niños, de jóvenes, de adoración, de danza, de artes o de intercesión. Esta práctica diluye la seriedad del orden bíblico al ungir a personas que carecen de una formación ministerial formal y que, por consecuencia, no poseen un fundamento sólido en las Escrituras. A lo largo de mis recorridos y mentorías en diversas partes del mundo, he constatado que esta ligereza en la delegación de autoridad se convierte en la semilla de futuras crisis eclesiales.

El núcleo de este problema estalla cuando estos líderes departamentales deciden separarse de la cobertura local. Al haber portado el título de "pastor", el camino para fundar una nueva congregación de manera prematura e independiente se les facilita enormemente, arrastrando consigo a aquellos miembros que durante años los reconocieron bajo esa dignidad espiritual. Este fenómeno no hace más que alimentar el doloroso ciclo de las divisiones divisorias en el cuerpo de Cristo. Para salvaguardar la salud de la congregación, la sabiduría organizativa dicta que estas funciones se designen bajo el término de "directores o líderes de departamento", o bien, que se instalen personas dispuestas a servir con excelencia sin la necesidad inmediata de un distintivo jerárquico.

La urgencia del momento actual exige que los pastores principales dejen de ceder a la presión de la inmediatez y el pragmatismo estructural. La Escritura nos traza una ruta ineludible en 2 Timoteo 2:15: "Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad". El carácter y el manejo correcto de la doctrina deben preceder siempre a la posición pública; el altar no puede ser un lugar de improvisación ni un premio de consolación corporativo, sino el espacio asignado a líderes cuyo fruto y conocimiento de la verdad hayan sido debidamente probados y aprobados.

Hago un llamado respetuoso pero firme a mis consiervos en el ministerio para que detengamos la devaluación del diseño pastoral. No permitamos que el deseo de expandir departamentos nuble la responsabilidad de formar obreros con raíces profundas en la Palabra. Al regularizar los procesos de maduración, elevar el estándar de la educación teológica y valorar el servicio humilde por encima de las etiquetas, cerraremos la puerta al espíritu de división y construiremos plataformas ministeriales capaces de resistir el paso del tiempo y de glorificar verdaderamente al Señor.

Con Cariño

Sydney Stair

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El secreto está en saber esperar