Tu oportunidad vendrá (parte 1)
Por:~Sydney Stair
El anonimato y la preparación antes del escenario real
Muchas veces nos desesperamos por alcanzar visibilidad, creyendo que el reconocimiento público es el punto de partida de nuestro éxito. Sin embargo, las grandes oportunidades no se improvisan; se gestionan desde la preparación invisible. En 1 Samuel 17:57-58 vemos a un David que regresa de vencer al filisteo y es llevado ante el rey Saúl, quien le pregunta: “Muchacho, ¿de quién eres hijo?”. Lo fascinante es que, según el capítulo anterior, David ya trabajaba a tiempo parcial en el palacio tocando el arpa para aliviar al rey, pero Saúl ni siquiera lo registraba en su memoria. Esto nos enseña una verdad contundente: no te van a conocer simplemente porque tú quieras darte a conocer o por estar cerca del poder, sino por la autoridad con la que respondes cuando se presenta tu verdadero momento.
Cuando llega tu tiempo, personas que no te conocían, ni mostraban el menor interés en tu existencia, querrán saber de dónde vienes y quién eres. La diferencia entre el David del arpa y el David de la onda no fue su ubicación —ambos estuvieron en el palacio—, sino la evidencia que llevaba en su mano. El acceso a las esferas de mayor influencia no lo determina el voluntarismo ni las relaciones públicas forzadas, sino la capacidad de resolver problemas que otros temen enfrentar. La madurez de un estratega radica en comprender que el anonimato no es un castigo, sino la incubadora perfecta donde se desarrolla el carácter necesario para sostener el éxito futuro.
Ante la llegada inminente de los desafíos, la palabra clave que redefine nuestro destino es la actitud. Como bien nos recuerda Proverbios 4, la sabiduría y la inteligencia deben ser abrazadas por encima de cualquier otra posesión, pues ellas nos guardarán, nos honrarán y pondrán una corona de hermosura en nuestra cabeza. En el relato bíblico, el ejército de Israel llevaba cuarenta días paralizado por el miedo ante los insultos de un gigante de más de nueve pies de altura. Frente a ese escenario de pánico colectivo, la actitud de David ante las encomiendas cotidianas —como la simple tarea que le dio su padre de llevar alimento a sus hermanos en el frente— demostró que un líder enfocado cuida los detalles pequeños antes de ser promovido a las grandes ligas.
Al llegar a la línea de batalla, David no se limitó a observar el peligro; comenzó a indagar sobre la recompensa. Al preguntar qué se le daría a quien quitara el oprobio de Israel, descubrió un mundo de oportunidades que cambiaría su vida y la de su familia para siempre: riquezas, filiación real y exención de impuestos. El hecho de evaluar el beneficio nos enseña que las metas deciden nuestra energía. Cuando tienes claridad sobre tu futuro y escribes tus metas, tus posibilidades de alcanzarlas se multiplican exponencialmente. En la segunda parte de esta reflexión, analizaremos cómo la magnitud de tus adversarios determina el tamaño de tu promoción y cómo la fe se convierte en el músculo definitivo para conquistar tu asignación.
Con cariño,
~Sydney Stair