EL EVANGELISTA (Parte 3)
Por:~Sydney Stair
El Evangelista como Heraldo y Pescador
En primer lugar, el evangelista es un heraldo. En la antigüedad, un heraldo era un oficial o caballero que actuaba como el mensajero oficial del reino, encargado de anunciar públicamente las noticias de alta relevancia; era, por definición, un anunciador de las buenas nuevas cuyo mensaje tenía que ser claro, entendible y sumamente sencillo. La palabra «evangelista» se deriva directamente del término «evangelio», lo que define a este ministro como una persona llamada, enseñada, ordenada y enviada con el único propósito de predicar dicho mensaje.
Al escudriñar el idioma original, descubrimos que «evangelio» es una palabra compuesta en el griego que significa literalmente «mensaje feliz». Este mensaje feliz se fundamenta en una verdad central: Jesús, el Hijo de Dios, pagó con su propia vida el precio completo por nuestro rescate, asegurando que ya no somos esclavos de satanás ni del pecado. Esta es la base de su asignación, y cada vez que el mensaje del evangelista se sale de este cuadrante cristocéntrico, el ministro se mete en serios problemas doctrinales y operativos.
En segundo lugar, el evangelista es un pescador, una analogía que el mismo Maestro estableció en Marcos 1:16-18: «Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. Y dejando luego sus redes, le siguieron». El ejercicio de la pesca espiritual requiere virtudes específicas, comenzando por la paciencia. El pescador sabe que el clima y las marejadas son cambiantes, aprende a pronosticar las condiciones del tiempo, pero difícilmente se deja detener por el mal clima.
Esta constancia se alinea con la instrucción dada en 2 Timoteo 4:2: «que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina». Asimismo, el pescador de almas requiere un compromiso inquebrantable que le impida rendirse con facilidad. Si no le fue bien en la pesca durante un día, se levantará al próximo con la firme convicción de volver a intentarlo, sabiendo que la perseverancia es la clave para ver los frutos en el Reino.
Con cariño,
Sydney Stair