EL EVANGELISTA (Parte 2)
Por:~Sydney Stair
La expresión bíblica «el fin del mundo» significa teológicamente el final del gobierno humano y el inicio del gobierno del Rey Jesús en este planeta, un acontecimiento glorioso que ocurrirá en su segunda venida. En nuestros días se escucha hablar con insistencia acerca del fin del mundo; de hecho, algunas personas llegaron a pensar que el final vendría con aquel asteroide que los científicos pronosticaron que iba a golpear la tierra en el año 2022. Para no caer en confusiones doctrinales, deseo establecer con claridad que la Tierra y el Mundo no son lo mismo dentro del lenguaje de las Escrituras.
La Tierra representa físicamente el planeta en el que vivimos, el espacio geográfico creado por Dios, mientras que el Mundo define el sistema gobernante, cultural y de pensamiento que opera de espaldas a las leyes divinas. Todos los seres humanos estamos físicamente en el planeta Tierra, pero no todos nos estamos desenvolviendo bajo las dinámicas del Mundo. De estar todos asimilados en el sistema del mundo, no habría ninguna necesidad de que Jesús nos enviara explícitamente «por todo el mundo», tal como lo ordena el libro de Marcos 16:15 al decir: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura».
Cuando yo era joven y crecía en la iglesia, si un hermano se apartaba de los caminos de la fe, los miembros solían decir de manera coloquial que tal hermano «se había ido al mundo». Utilizando una analogía práctica, podemos decir que el Mundo es el vasto mar, un océano lleno de corrientes complejas, y es precisamente ahí donde fuimos enviados con la instrucción de pescar. No fuimos comisionados a adentrarnos en el sistema para convertirnos en un elemento más del Mundo, sino para transformar su entorno e impactarlo a través del discipulado.
Esta distinción fundamental quedó perfectamente plasmada en la oración que Jesús elevó a Su Padre en Juan 17:15-16: «No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo». El propósito de nuestra estancia no es el aislamiento, sino la preservación de nuestra identidad santa mientras rescatamos a las almas. Con este fundamento claro sobre nuestro entorno de trabajo, podemos comenzar a definir con precisión lo que es un verdadero evangelista.
Con cariño,
Sydney Stair