CUANDO LA NAVIDAD LLEGA AL CORAZÓN
Con Cariño:~Sydney Stair
Para muchos, la Navidad es mucho más que una fecha en el calendario.
Es el tiempo en que se guardan las armas de guerra y se levanta la bandera blanca de la paz.
Es el tiempo en que los sueños parecen más cercanos a hacerse realidad.
Es el tiempo de dar y recibir regalos, de disfrutar los antojos de la temporada,
y de reunir a la familia bajo un mismo techo, donde por un momento se olvidan las diferencias, se dejan a un lado los pleitos, se sanan emociones y comienza la restauración del alma.
Sin embargo, no todos viven la Navidad de la misma manera.
Para algunos, la Navidad tarda en llegar…
Llega después de años de lágrimas, de oraciones silenciosas, de súplicas no respondidas y de heridas causadas por el desprecio.
Hoy quiero referirme a una mujer a la que la Navidad le llegó después de muchos años de espera. Su historia está registrada en el libro de 1 Samuel, y su nombre es Ana.
Una historia marcada por la espera
Ana estaba casada con un hombre llamado Elcana, un varón temeroso de Dios, con un linaje espiritual profundo. A pesar de tener un hogar estable y un esposo que la amaba, Ana llevaba una carga muy pesada: no podía tener hijos.
En contraste, Penina —la otra esposa— sí tenía hijos, y no perdía oportunidad para recordarle a Ana su esterilidad. La Biblia dice que la irritaba y la entristecía, provocándole dolor año tras año.
Ana lloraba.
Ana no comía.
Ana cargaba una tristeza que nadie podía quitarle.
Y aunque su esposo intentaba consolarla diciendo:
“¿No te soy yo mejor que diez hijos?”,
hay dolores que ni siquiera el amor humano puede sanar.
Cuando el alma se derrama delante de Dios
Un día, Ana hizo algo diferente.
Se levantó, fue al templo, y derramó su alma delante de Jehová.
La Escritura dice que oró con amargura de alma y lloró abundantemente. No fue una oración elegante ni religiosa; fue una oración sincera, nacida del quebranto.
Y allí, Ana hizo un pacto con Dios.
No pidió un hijo solo para llenar su vacío personal, sino que dijo, en esencia:
“Señor, si Tú me das el hijo que yo necesito, yo te daré el profeta que Tú necesitas”.
Ese fue el momento en que la Navidad comenzó a gestarse en su corazón.
El Dios que se acuerda
La Biblia dice algo poderoso y sencillo:
“Jehová se acordó de ella”.
Dios no se había olvidado de Ana.
Dios estaba esperando el momento perfecto.
Ana concibió, dio a luz a Samuel, y cuando llegó el tiempo, cumplió su promesa. Entregó a su hijo a Dios, confiando en que Aquel que le había dado el milagro, cuidaría de él mejor que nadie.
Y entonces ocurrió algo maravilloso:
Dios no solo honró el pacto, sino que bendijo abundantemente a Ana, dándole más hijos y llenando su casa de gozo.
Reflexión final
Nuestro Dios sigue siendo un Dios de pactos.
Un Dios que ve las lágrimas que otros no ven.
Un Dios que escucha las oraciones que nacen del dolor.
Un Dios que convierte la esterilidad en fruto, la vergüenza en honra y la espera en celebración.
Tal vez para ti la Navidad aún no ha llegado.
Tal vez estás esperando una respuesta, un milagro, una restauración.
No te rindas.
La verdadera Navidad no comienza con luces ni regalos, comienza cuando Dios se acuerda de ti. Y cuando Él se acuerda, la espera termina y el gozo llega.
Con Cariño,
Sydney Stair