Tu oportunidad vendrá (parte 2)
Por:~Sydney Stair
El tamaño de tu gigante determina tu promoción
En el camino hacia el cumplimiento de nuestro propósito, el anuncio de nuestras metas opera como un filtro relacional inmediato: nunca sabrás quiénes son tus verdaderos aliados hasta que declares hacia dónde te diriges. Cuando David asumió el desafío, se enfrentó no solo al gigante en el campo, sino al escepticismo de su propio entorno e incluso al intento del rey Saúl de imponerle una armadura ajena con la que ni siquiera podía moverse. Un error común en el liderazgo es intentar pelear las batallas de tu nueva temporada utilizando los métodos, las estructuras o los moldes de otros. Tu asignación es única y requiere que camines con la identidad y los recursos que Dios ya te ha procesado en lo privado.
Existe una dinámica espiritual y estratégica ineludible: tu asignación decide quiénes serán tus adversarios, pero, al mismo tiempo, tu adversario determina el tipo de promoción que tendrás. David no pasó a la historia por pastorear ovejas con excelencia, sino por derribar a Goliat. Según sea el tamaño de tu gigante, así será la magnitud de la recompensa y la escala de tu influencia. Debemos aprender a mirar la oposición no como un obstáculo para detenernos, sino como la plataforma de visibilidad que Dios utiliza para catapultarnos; sin un desafío de dimensiones extraordinarias, el potencial de un verdadero líder permanece oculto a los ojos del mundo.
La respuesta de David ante la provocación del filisteo en los versículos 45 y 46 de 1 Samuel 17 desvela el secreto de su victoria: “Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos”. Esta declaración nos muestra que la fe es el magneto que atrae la intervención divina hacia nuestra realidad y la verdadera diferencia entre los campeones y los perdedores. La fe no es un concepto abstracto que debamos diseccionar intelectualmente para que funcione, de la misma manera que no necesitamos comprender la naturaleza exacta del viento para beneficiarnos de su frescura. La fe es una sustancia real, una certeza operativa que ya ha sido depositada en nosotros conforme a la medida que Dios repartió a cada uno.
Para cada milagro visible en tu organización, en tu familia o en tu ministerio, descubrirás que previamente se sembró una semilla de fe con una dirección específica. Esta capacidad para creer funciona exactamente igual que un músculo: mientras más la ejercitas frente a los desafíos diarios, más fuerte y robusta se vuelve. La bendición y los recursos para financiar tu visión están precisamente en el lugar geográfico y espiritual al que Dios te ha enviado. Cuando la oportunidad golpee a tu puerta, no dependas de las armaduras humanas ni de las opiniones de los espectadores; activa tu fe, enfrenta tu asignación con valentía y prepárate para ver cómo los gigantes caen para dar paso a tu temporada de mayor impacto.
Con cariño,
~Sydney Stair