La Respuesta al Amor de Dios: Honra y Promesa. Parte 2

Por:~Sydney Stair

En la primera parte vimos que el amor de Dios es incondicional en su existencia, pero ahora debemos entender que nuestra respuesta a ese amor determina nuestra cercanía con Él.

El lenguaje de la honra

Dios espera que Su amor sea correspondido. No porque Él necesite algo de nosotros, sino porque el amor verdadero busca la reciprocidad. La Biblia nos enseña que hay una conexión entre nuestra entrega y la manifestación de Su presencia:

La reciprocidad: "Yo amo a los que me aman, y me hallan los que madrugando me buscan" (Proverbios 8:17).

La honra: Dios le dijo a Elí algo contundente: "Yo honraré a los que me honran, y los que me tuvieren en poco, serán viles" (1 Samuel 2:30).

Amar a Dios es darle el lugar que le corresponde. Es sacrificar alabanza y ordenar nuestro camino para que Él pueda mostrarnos Su salvación.

El amor que guarda mandamientos

Jesús fue muy claro sobre cómo se mide nuestro amor por Él. No se mide por la intensidad de nuestras emociones, sino por nuestra obediencia.

"El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él" (Juan 14:21).

Cuando obedecemos, no lo hacemos para "ganar" Su amor (que ya tenemos), sino para demostrar que lo amamos.

Una promesa inquebrantable

A veces, el amor humano falla. Los padres pueden abandonar, los esposos pueden fallar y los amigos pueden alejarse. Pero el amor de Dios opera en una dimensión distinta:

Es superior al amor materno: "¿Se olvidará la mujer de lo que parió...? Aunque se olviden ellas, yo no me olvidaré de ti" (Isaías 49:15).

Es un refugio constante: "Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá" (Salmos 27:10).

Es un amor de sacrificio: El resumen de toda la Biblia se encuentra en Juan 3:16. Dios no solo sintió amor; Dios dio lo más preciado que tenía: a Su Hijo.

Conclusión

Dios te ama hoy. No porque seas perfecto, sino porque Su naturaleza es amor. Sin embargo, Él te invita a pasar de un amor que le produce pena a un amor que le produce gozo. Al poner nuestra voluntad y nuestro afecto en Él, activamos las promesas del Salmo 91: Él nos librará, nos pondrá en alto, nos saciará de larga vida y nos mostrará Su salvación.

¿Estás listo para responder hoy a ese amor?

 

Con Cariño,

Sydney Stair

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