La Adoración (Parte 2)
Por:~Sydney Stair
La Adoración de Ana (parte 2)
Luego de recibir la palabra pastoral, la familia se levantó de mañana, adoró delante de Jehová y emprendió el regreso a su casa en Ramá. El trayecto entre Siló y Ramá abarcaba un aproximado de 20 millas, un recorrido exigente de casi dos días por caminos montañosos que solía hacerse a pie o en animales de carga. Sin embargo, este viaje fue completamente diferente para Ana: su estado anímico había sido transformado, y puedo imaginarla caminando todo el trayecto dando gracias a Dios, con un rostro renovado y radiante. La amargura y la congoja apagan nuestro brillo y lastiman el cuerpo, pero la alegría que nace de la fe es verdadera medicina.
Al cumplirse el tiempo, la promesa se concretó: Ana concibió y dio a luz un hijo a quien llamó Samuel. En el desarrollo de nuestra fe, la adoración es decisiva, la concepción del propósito es vital y el dar a luz el milagro es extraordinario, pero el nombre que le asignamos al fruto de nuestra bendición es de suma importancia. Samuel significa "Oído de Dios" o "Su nombre es Dios", indicando que este niño vino a la existencia como resultado directo de un clamor terrenal que fue escuchado en los cielos. El nombre que le pones al fruto de tu fe consolida y determina el rumbo de su destino.
Poco sabía Ana en aquel momento que de su vientre nacería el hombre a quien Dios llamaría para ser profeta y juez en Israel. Así como aprendemos a sembrar con intención, debemos aprender a nombrar y cuidar el fruto que Dios nos da, reconociendo que cada respuesta a nuestra adoración trae consigo un propósito eterno que trasciende nuestra propia vida. Lo que nace de un momento de entrega y quebranto en la presencia del Señor siempre tendrá un impacto mayor del que podemos imaginar en el momento en que estamos orando.
Nos conectamos con Dios cuando decidimos adorarle en todo tiempo, confiando en que al cumplirse el tiempo veremos la cosecha de lo que hemos derramado en su presencia. Te animo a no detener tu servicio ni tu entrega, a derramar tu corazón sin reservas y a caminar con la certeza de que Dios escucha y responde a quienes le buscan con sinceridad. Que tu vida sea una permanente altar de adoración donde el dolor se transforme en testimonio y la promesa en una hermosa realidad.
Con Cariño,
Sydney Stair