Evangelismo: Pescadores de Hombres 

Con Cariño:~Sydney Stair

Evangelismo: Pescadores de Hombres 

Mateo 4:18-20 
18 Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. 
19 Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. 
20 Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron. 

Jesús comparó el evangelismo con el trabajo de un pescador. Y qué profunda enseñanza hay en esa comparación. 

Cuando era joven, salí algunas veces con amigos a pescar. No fueron muchas las experiencias, pero sí las suficientes para aprender algo vital: el tipo de pez que quieres atrapar determina la carnada que debes usar
Algunos peces se conforman con gusanos; otros prefieren camarones o sardinas. Pero si quieres peces grandes, debes ir mar adentro, llevar cañas fuertes y usar carnadas de mayor calidad. 

Lo mismo ocurre con el evangelismo hoy. Todas las almas son valiosas para Dios, pero no todas pueden alcanzarse de la misma manera. 
Si intentas evangelizar una ciudad cosmopolita igual que evangelizarías a una tribu indígena en la Amazonía, el impacto será limitado. En la selva, un megáfono y unas tablas de madera sirven para reunir a la gente. Pero intenta hacer eso mismo en el Madison Square Garden de Nueva York… y descubrirás que no será efectivo. 

Las campañas evangelísticas que buscan alcanzar personas influyentes—artistas de Hollywood, empresarios de Texas, diplomáticos de la ONU—requieren estrategias diferentes, estructuras más complejas y una inversión mayor. Los peces grandes demandan carnadas grandes. 

La Escritura lo resume así: 
“El que gana almas es sabio.” – Proverbios 11:30 

Pero hay algo más. 
Para sacar un pez del mar… tienes que ir al mar. 

Jesús vino a nosotros para salvarnos. Él dijo: “Id por todo el mundo…” 
Mientras tanto, la Iglesia muchas veces ha dicho: “Salgan del mundo para no contaminarse.” Y así, olvidamos que la sal solo tiene sentido cuando toca lo descompuesto, que la luz solo brilla cuando entra en la oscuridad. 

Necesitamos un nuevo bautismo del Espíritu Santo: uno que no solo nos haga amar al perdido, sino que nos impulse a ir a buscarlo, a rescatarlo, a sacarlo de ese mar donde se ahoga sin Cristo. 

Porque al final, ser “pescadores de hombres” no es un título espiritual… es una acción. 
Es obedecer la voz del Maestro que sigue diciendo: 
“Venid en pos de mí… y os haré pescadores de hombres.” 

Con Cariño, 

Sydney Stair 

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