El Matrimonio: Una Idea de Dios (Parte 1)

Por:~Sydney Stair

El Diseño Original y la Preparación Conyugal

El diseño original del matrimonio no surge de un consenso social transitorio ni de una mera evolución de las costumbres humanas, sino de la mente misma y el soberano decreto del Creador en el huerto del Edén. Las Sagradas Escrituras establecen con precisión meridiana este fundamento en el libro de Génesis: "Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre" (Génesis 2:21-22). Esta narrativa fundacional desvela una verdad teológica ineludible para todo líder: el matrimonio es una institución divina, un pacto absoluto diseñado para reflejar la plenitud, la complementariedad y el compañerismo perfecto bajo el orden celestial.

La salud y trascendencia de este pacto sagrado son tan cruciales que impactan directamente el desarrollo de nuestra vida y la efectividad de nuestro ministerio público. Como acertadamente puntualizó el conferenciante y autor Mike Murdock: "No hay nada en este mundo que cause mayor placer que un buen matrimonio. No hay nada que cause mayor dolor que un mal matrimonio". Esta severa y realista premisa nos obliga, como pastores y líderes, a comprender que la atmósfera de nuestro hogar actúa como un eco constante en el altar, recordándonos que el éxito de nuestras funciones ministeriales carecerá de raíces sólidas si el núcleo de nuestra relación matrimonial se encuentra bajo el desgaste del abandono espiritual.

Históricamente, el noviazgo ha antecedido al matrimonio como un período indispensable de expectación consciente, diseñado específicamente para que la pareja comience a revelar la esencia de su corazón en mutuo conocimiento. No obstante, en la práctica contemporánea, la prisa emocional y el apasionamiento desmedido suelen sabotear esta etapa de discernimiento crítico, llevando a muchos a ignorar señales obvias de incompatibilidad. De allí surge el sabio y folclórico juego de palabras pastoral que define humorísticamente al "novio" como aquel que, deslumbrado por el romance superficial, simplemente no vio lo que tenía que ver del carácter de su pareja, lo que eventualmente arrastra a las familias a exclamar con resignación sobre la "nuera" que "no era" lo esperado, o sobre el "yerno" que categóricamente "él no"poseía la madurez necesaria; realidades que demuestran el peligro de resolver en el altar los conflictos que debieron haberse confrontado en el camino.

Afortunadamente, la gracia redentora del Señor provee el escenario idóneo en los retiros y la consejería matrimonial para que el proceso de conocimiento mutuo continúe floreciendo, recordándonos que el noviazgo jamás debe morir una vez se intercambian las promesas de fidelidad. El matrimonio no es una meta estática ni un contrato inerte, sino un aula permanente de maduración donde cada día presenta una nueva oportunidad para redescubrir y honrar al ser amado. Para edificar una fortaleza inexpugnable frente a los embates de la sociedad actual, es menester activar de manera intencional las herramientas prácticas y los pilares fundamentales de la convivencia, los cuales guiarán la transición del idilio inicial hacia la consolidación de un amor maduro, sacrificial y cristocéntrico que sirva de testimonio vivo a la congregación. No te pierdas la continuación de este artículo.

Con Cariño,

Sydney Stair

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