El Fundamento del Matrimonio (Parte 2)

Por:~Sydney Stair

La Intimidad

Para Dios, la institución del matrimonio goza de una relevancia tan extraordinaria que decidió enmarcar la historia de la humanidad entre dos celebraciones nupciales: una gran boda al principio de la Biblia en el Génesis y otra boda gloriosa al final en el Apocalipsis. Al adentrarnos en la dimensión íntima de esta unión, descubrimos que el Creador nos diseñó con necesidades prioritarias distintas pero perfectamente complementarias para fomentar la unidad. Mientras que el varón posee una necesidad física intrínseca orientada a la procreación y la liberación de su semilla —funcionando con la inmediatez de un interruptor que se enciende con facilidad—, la necesidad primordial de la mujer no es el acto sexual en sí, sino el afecto, la ternura y el romance previo, operando como una plancha que requiere tiempo para calentarse y también para enfriarse.

El verdadero arte de la intimidad matrimonial radica en comprender que, para la esposa, la entrega física es el resultado natural e inevitable de haberse sentido amada y valorada en el plano emocional durante todo el día. Muchos matrimonios experimentan frustración y heridas invisibles cuando el esposo ignora este ritmo y busca la penetración de forma abrupta, haciendo que ella se sienta desprovista de dignidad en lugar de plena. Los hombres de pacto debemos recordar que el encuentro íntimo no concluye con la satisfacción propia; el diseño biológico y emocional de la mujer le otorga la capacidad de experimentar una plenitud profunda si tan solo el esposo prolonga los abrazos, las caricias y las palabras de afirmación. Cuando el hombre se enfoca con paciencia en suplir el romance que su esposa anhela, descubre con asombro que todas sus propias necesidades físicas son correspondidas con creces.

Esta hermosa geografía del amor y la preparación mutua se encuentra bellamente detallada en el libro de Cantares, donde la Palabra de Dios no teme usar la poesía para describir el erotismo santo. Desde la descripción lírica que va de la cabeza a los pies ensalzando la belleza pura de la amada, hasta el recorrido inverso que celebra la sensualidad de sus pasos, sus formas y su aroma, la Escritura legitima el cortejo apasionado y detallado dentro del pacto nupcial. Incluso relatos antiguos como el de las mandrágoras en el Génesis nos demuestran que el interés por encender la pasión y recurrir a elementos estimulantes ha estado presente en la historia humana, confirmando que el deleite mutuo y el gozo en el lecho conyugal cuentan con el total respaldo y la bendición del Creador.

Frente a los desafíos físicos o el paso de los años, la Iglesia y los matrimonios de fe deben derribar los tabúes y los falsos temores que impiden buscar ayuda médica o profesional ante disfunciones de lubricación o erección, recordando que la capacidad de dar y sentir placer no expira con la edad. El apóstol Pablo establece con absoluta claridad y contundencia en su carta a los Corintios que ni la esposa ni el esposo tienen potestad exclusiva sobre sus propios cuerpos, sino que pertenecen mutuamente el uno al otro bajo un principio de entrega total y compartida. No permitamos que la vergüenza robe la bendición de la plenitud sexual; asumamos el liderato de nuestra relación cultivando una intimidad saludable, abierta y santa, asegurando así que nuestra casa jamás sufra división y permanezca firme sobre la roca.

Con Cariño,

Sydney Stair

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