El Fundamento del Matrimonio (Parte 1)
Por:~Sydney Stair
El Reflejo de Nuestra Identidad
Comenzar el día con una rosa, un desayuno listo y una nota de amor tras haber llegado a casa en un estado deplorable puede parecer un chiste —como aquel hombre que descubrió que su esposa lo trataba como a un rey solo porque, en su embriaguez, defendió su fidelidad gritando: «¡Déjame en paz, estoy casado!»—. Aunque la cotidianidad matrimonial suele estar salpicada de malentendidos jocosos y de esas famosas "cinco razones" por las que se dice que una mujer se enoja, la realidad es que construir un hogar sólido requiere ir mucho más allá de la superficie. Para trascender las dudas cotidianas sobre con quién nos casamos o cómo liderar nuestra relación, el diseño divino nos convoca a entender que el matrimonio es la base de la familia y, por ende, el cimiento de toda la sociedad. Una casa dividida contra sí misma, como bien nos advierte el Evangelio de Marcos, simplemente no puede permanecer en pie.
Dentro del orden estructural de la familia, uno de los regalos más extraordinarios y con mayor impacto generacional que un padre puede ofrecer a sus hijos es demostrarles, de forma tangible, cuánto ama, valora y respeta a su madre. El matrimonio no representa un derecho legal de posesión ni un contrato de dominio, sino la unión sagrada y voluntaria entre un hombre y una mujer para edificar un legado armónico. En este caminar, la hombría madura no es un accidente biológico; ser varón es un asunto de nacimiento, pero convertirse en un verdadero hombre es un asunto de elección y decisión diaria. El liderazgo familiar efectivo se evidencia cuando asumimos la responsabilidad de modelar el respeto, entendiendo que la salud de nuestro hogar depende directamente de la calidad del amor que sembramos en el corazón de nuestra ayuda idónea.
Existe una ley espiritual de reciprocidad emocional en la pareja que establece que toda mujer, en gran medida, termina siendo el reflejo del trato de su esposo. Si deseas conocer la condición interna de un hombre y evaluar la nobleza de su carácter, solo basta con observar la plenitud, la paz y la sonrisa de su esposa, pues un cónyuge amargado inevitablemente esparcirá amargura en su compañera y en sus hijos, ocurriendo lo mismo en la dirección inversa. Las Sagradas Escrituras en Pedro nos recuerdan la fragilidad mutua y nos instruyen a vivir sabiamente con ellas, otorgándoles honor como a vasos más frágiles y como coherederas de la gracia. No se requiere levantar la mano para herir; una mala actitud, la indiferencia o una palabra hiriente son suficientes para levantar un muro infranqueable donde ella legítimamente dirá: «Tu actitud me impide escuchar lo que dices».
El diseño original nos revela que el hombre fue programado para proveer y dar, mientras que la mujer fue diseñada con la maravillosa capacidad de recibir, multiplicar y transformar lo recibido. Cuando el esposo provee sustento, ella lo transforma en una cena; cuando aporta una estructura física, ella la convierte en un hogar cálido; y cuando él entrega amor genuino, ella le rinde por completo su corazón. Puedes comprar una propiedad con recursos financieros, pero jamás podrás comprar la calidez de un hogar, así como tampoco puedes adquirir el afecto sincero de una mujer a la fuerza. El corazón femenino entrega su devoción más profunda únicamente cuando se siente plenamente amada, respetada y segura, abriendo la puerta para responder con un cuestionario de honestidad que evalúe y proyecte la relación para el resto de la vida.
Con Cariño,
Sydney Stair