El Camino de la Obediencia (Parte 3)
Por:~Sydney Stair
Promesas Ligadas a la Obediencia
Dios nos ha otorgado innumerables e inestimables promesas a lo largo de las Escrituras, las cuales manifiestan su fiel carácter y su deseo de bendecirnos. Sin embargo, es fundamental comprender que toda promesa divina está íntimamente ligada a la obediencia. Dios es un Padre amante y perfecto que honra a los hijos que caminan en fidelidad a sus principios; no obstante, Él no está obligado a respaldar la terquedad o el desvío voluntario. Pretender disfrutar de los beneficios de las promesas de Dios mientras caminamos en abierta contradicción a sus mandamientos es una ilusión que solo conduce a la frustración espiritual.
Podemos visualizar la obediencia como una calzada o un camino bendecido sobre el cual emprendemos nuestro viaje vital. Es precisamente a lo largo de este trayecto de alineamiento con la voluntad divina donde encontramos todo aquello que el Señor ha prometido proveernos. Jesucristo lo resumió con maestría en Mateo 6:33 al instruirnos a buscar primeramente el Reino de Dios y su justicia, prometiendo que las demás necesidades serían añadidas de manera natural. Cuando alteramos este orden divino y priorizamos nuestros impulsos por encima de su Reino, nos salimos de la calzada donde fluye su bendición. D.L. Moody explicaba esta dinámica diciendo: «Dios no nos manda a obedecer para demostrar su autoridad, sino para capacitarnos para disfrutar de su plenitud y protección».
El texto de Juan 14:15 nos recuerda las palabras claras de Jesús: «Si me amáis, guardad mis mandamientos». Esto nos revela que la verdadera obediencia no nace del temor servil ni del legalismo rígido, sino de una relación afectiva profunda con el Creador. Cuando entendemos cuánto nos ama Dios y la sabiduría infinita que contienen sus preceptos, la obediencia deja de ser una carga y se convierte en una respuesta gozosa de gratitud. El amor a Dios es el motor que transforma el deber religioso en una apasionada disciplina de vida.
Por ello, como líderes y creyentes, debemos tener especial cuidado con quiénes nos asociamos en las batallas de la vida y qué actitudes permitimos en nuestra intimidad. Josué marchó a la batalla confiado, sin saber que la insensibilidad de uno de sus hombres comprometería el resultado colectivo. Estar rodeados de un espíritu de desobediencia o ser condescendientes con el mal compromiso entorpece nuestro progreso. Si anhelamos ver el cumplimiento poderoso de las promesas de Dios en nuestras vidas, nuestras familias y nuestros proyectos, debemos comprometernos a edificar sobre el cimiento sólido de la Palabra. No te pierdas la conclusión de este artículo
Con Cariño,
Sydney Stair