Los Verdaderos Profetas-Parte 2:

Por:~Sydney Stair

Entendiendo su Naturaleza y Llamado

Continuando con nuestro estudio sobre los verdaderos profetas, entraremos en la dimensión de la visión espiritual y la importancia de la colaboración ministerial en la edificación del Reino.

6. Don de profecía vs. Oficio profético

Es crucial distinguir entre ambos. Mientras que el don de profecía puede manifestarse en cualquier creyente para edificación, exhortación y consolación (1 Corintios 14:3), el oficio de profeta es una de las cinco extensiones del ministerio de Cristo (Efesios 4:11). El oficio implica un nivel mayor de autoridad, gobierno y responsabilidad constante.

7. Una óptica diferente

Los profetas no ven el mundo —ni a la Iglesia— como lo ven los demás. Poseen una sensibilidad espiritual que les permite discernir lo que está oculto detrás de lo natural. Donde otros ven crisis, el profeta puede ver juicio o una oportunidad de gloria; donde otros ven calma, el profeta puede discernir un peligro inminente.

8. El deseo de abrir los ojos de otros

El profeta no es un místico egoísta que guarda la visión para sí mismo. Su mayor anhelo es que el pueblo de Dios también despierte sus sentidos espirituales.

Como ocurrió en 2 Reyes 6:17"Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado..." El profeta ora para que la Iglesia vea los "carros de fuego" que la rodean.

9. La unidad estratégica: Profetas y Apóstoles

En los tiempos actuales, Dios está restaurando el fundamento bíblico de unidad. Los profetas y los apóstoles están siendo unidos por el Espíritu para trabajar en una armonía sin precedentes. Esta conexión es la que permite que el Reino avance con orden y poder.

10. De la visión a la edificación

La relación entre estos dos ministerios es clave: Los apóstoles edifican lo que los profetas ven. Mientras el profeta recibe el diseño, la revelación y el "plano" celestial, el apóstol pone por obra esa visión, estableciendo estructuras sólidas sobre el fundamento de Cristo.

Con cariño,

Sydney Stair

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