Eres más que vencedor si tienes un renovado sistema de creencias

Por:~Sydney Stair

A lo largo de la historia, Dios ha diseñado caminos de abundancia y promesa para sus hijos, pero con frecuencia el acceso a estas bendiciones parece bloqueado por fortalezas que lucen infranqueables, tal como ocurrió con la bien murada ciudad de Jericó. Al reflexionar sobre la travesía de Israel por el desierto, descubrimos que el verdadero obstáculo que postergó su entrada a la Tierra Prometida durante cuarenta años no fue la fuerza militar de sus enemigos, sino la incredulidad y la inestabilidad de su propio corazón. Jericó, cuyo nombre evoca la inconstancia de las fases lunares, representa esos ciclos de indecisión, cambios de ánimo y dudas que nos impiden avanzar. Sin embargo, la promesa divina sigue en pie: las puertas cerradas se abren cuando decidimos no dejarnos gobernar por las circunstancias volátiles, sino por la verdad inmutable de Dios.

Tu sistema de creencias es la columna vertebral de tu vida; define tu actitud, marca la dirección de tus acciones y establece los límites de lo que puedes alcanzar. Cuando Jesús sanó a los dos ciegos en el Evangelio según San Mateo, dejó al descubierto una ley espiritual fundamental al decirles: «Conforme a vuestra fe os sea hecho». La palabra empleada para fe, pistis, alude directamente a nuestro sistema de convicciones profundas. Nadie puede experimentar una realidad superior a la de sus propias creencias. Si permites que la duda o las experiencias pasadas achiquen tu visión, atrofiarás tu potencial de victoria; pero si alineas tu pensamiento con la palabra profética y el poder de Dios, no habrá fortaleza ni paredón de Jericó que pueda detener tu progreso.

La inestabilidad emocional y espiritual es el mayor enemigo de la perseverancia. Quien vive impulsado por altibajos —brillando un día y ocultándose al siguiente— queda expuesto a los vientos de la duda y corre el riesgo de agotarse en el desierto sin disfrutar lo prometido. Para vencer las fuerzas que se nos oponen, debemos pasar de una fe «lunática» e inconstante a una fe firme y enraizada en el Sol de Justicia. Como nos recuerda el profeta Jeremías, aquel que confía plenamente en el Señor es como un árbol plantado junto a las aguas: sus raíces profundas le permiten mantener sus hojas verdes y dar fruto aun en tiempos de sequía. La estabilidad espiritual no significa la ausencia de problemas, sino la presencia de un ancla inmovible en medio de la tormenta.

Al transformar tu sistema de creencias y abandonar el doble ánimo, no solo derribas tus propios muros de Jericó, sino que te conviertes en un faro de esperanza y firmeza para todos los que te rodean. Dios jamás nos dejó a la deriva en la noche; así como guió a su pueblo con una columna de fuego en la oscuridad del desierto, hoy nos brinda su Verdad para disipar toda confusión. Al rendir en el altar la duda y abrazar una fe viva, activa y perseverante, agradamos a Dios y nos posicionamos para recibir sus recompensas. Decídete hoy a creer sin vacilar, echa raíces en su Palabra y camina con la certeza de que, con un sistema de creencias renovado, eres más que vencedor sobre cualquier fuerza que pretenda oponerse a tu destino.

 

Con cariño,

Sydney Stair

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