EL SEÑOR PERDONA. ALGUNOS CRISTIANOS RELIGIOSOS NO.

Por:~Sydney Stair

Nuestro Dios es un Padre lleno de gracia, misericordia y verdadero perdón. Las Escrituras nos recuerdan esta hermosa verdad en Lamentaciones 3:22-23: “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana”. Lamentablemente, la actitud del Señor contrasta fuertemente con la de muchas estructuras religiosas hoy en día. Con frecuencia, vemos cómo cierta parte de la «Iglesia» está dispuesta a condenar al infierno a cualquiera que cometa un error o falle, amparándose erróneamente en el nombre de Dios para señalar en lugar de restaurar.

Vivimos en un tiempo donde la falta de perdón se manifiesta de formas muy concretas y personales. En lo personal, cuando comenzaba en el ministerio, prediqué algunos temas que no eran teológicamente correctos, pues me limitaba a repetir mensajes que escuchaba de mis predecesores. Hoy, tras muchos años de estudio, oración y madurez espiritual, me encuentro con que aún hay quienes recuerdan esos tropiezos pasados y mantienen las puertas cerradas de sus denominaciones para que yo jamás vuelva a reunirme con ellos. De adolescente aprendí aquel conocido corito dominical que decía: “No me importa la iglesia a la que vayas, si detrás del Calvario tú estás; si tu corazón es como el mío, dame la mano y mi hermano serás”. Sin embargo, no exagero al decir que esa letra está lejos de ser una realidad en la actualidad.

Hoy la Iglesia parece estar más dividida que nunca, al punto que resulta difícil distinguir quién es tu hermano y quién es tu enemigo. Los celos, la envidia, la falta de humildad y la escasez de amor están carcomiendo los fundamentos del pueblo de Dios, mientras muchos líderes continúan su camino como si nada estuviera pasando. Cuando la lealtad a una denominación o ministerio te impide discernir el verdadero Cuerpo de Cristo, es porque la visión espiritual se ha perdido por completo. Ante esto, resuenan con fuerza las palabras de Jesús en Lucas 6:39: “¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?”, e igualmente su firme advertencia en Mateo 23:15: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros”.

Escuchamos constantemente hablar de un gran avivamiento, y verdaderamente creo que vendrá, pero no llegará sin persecución. A menudo, es precisamente la prueba la que nos empuja a unirnos de corazón, dejando de lado etiquetas, denominaciones y ministerios. Mi oración sincera al Espíritu Santo es que nos capacite para obedecer el mandamiento supremo que nos dejó nuestro Señor Jesús en Juan 13:34: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros”. Solo volviendo al amor y al perdón verdadero seremos la luz que este mundo necesita.

Con cariño,

Sydney Stair

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