El Éxito Según el Cielo - Juan el bautista
Por:~Sydney Stair
El Éxito Según el Cielo: La Paradoja de Juan el Bautista
A menudo medimos el éxito por el tamaño de nuestra influencia, la comodidad de nuestra posición o la aprobación de quienes nos rodean. Sin embargo, cuando observamos la vida de Juan el Bautista, nos damos cuenta de que el Señor ve las cosas desde una óptica radicalmente distinta a la nuestra.
Jesús fue contundente al decir:
“Os digo que entre los nacidos de mujeres no hay mayor profeta que Juan el Bautista; y, sin embargo, el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él.” (Lucas 7:28)
El hombre que "fracasó" ante los ojos del mundo
Si evaluáramos a Juan con los estándares modernos (e incluso con los religiosos de su época), su "currículum" parecería el de alguien que no encaja en ningún sistema de éxito:
Rompió la tradición: Siendo hijo de sacerdotes, no ejerció el sacerdocio de manera convencional.
Rechazó el lujo: No vestía lino fino, sino piel de camello; no comía manjares, sino langostas y miel silvestre.
Fue un "outsider": No era popular, no tenía una red social de apoyo y vivía en soledad.
Fue políticamente incorrecto: El gobierno lo consideraba un antagonista por señalar el pecado del rey Herodes.
Sin legados tangibles: No escribió libros, no pastoreó una congregación establecida ni acumuló riquezas.
Juan no vivió muchos años y su final fue, humanamente hablando, trágico: una ejecución injusta en una celda fría. Probablemente, hoy en día, Juan el Bautista no sería bien visto por muchas de nuestras iglesias. Sin embargo, para el Señor, fue el más grande de los profetas.
La brecha entre la opinión pública y el diseño divino
Es natural preguntarnos qué piensan los demás de nosotros. Nos importa la opinión de nuestra familia, amigos, colegas y pastores. Pero hay una verdad liberadora y, a la vez, confrontadora:
El momento más difícil de tu vida es cuando te encuentras en la transición de convertirte en lo que Dios diseñó que fueras.
Ese diseño divino, casi siempre, va a chocar con las expectativas que la gente tiene sobre ti. El mundo quiere que encajes, que seas predecible y que busques la comodidad. Dios, por el contrario, a menudo nos llama a ser "voces en el desierto".
Conclusión
No permitas que el ruido de las opiniones humanas opaque la voz de tu Creador. Tu valor no reside en cuántas personas te siguen o en cuán digna parece tu vida ante la sociedad, sino en tu fidelidad al propósito para el cual fuiste diseñado.
¿Estás viviendo para cumplir el estándar de los hombres o para escuchar el "bien hecho" de tu Señor?
Con Cariño,
Sydney Stair