EL AMOR A DIOS: UNA ENTREGA QUE NACE DEL CORAZÓN
Por:~Sydney Stair
EL AMOR A DIOS: UNA ENTREGA QUE NACE DEL CORAZÓN
Hemos escuchado incontables mensajes acerca del amor de Dios… pero sorprendentemente, muy pocos acerca de nuestro amor a Dios. Es como si habláramos constantemente de lo mucho que Él nos ama —y es verdad, Su amor es inmenso— pero dejáramos en silencio la parte que nos toca a nosotros: cómo debe responder un corazón que realmente ama a su Señor.
La Biblia lo expresa con absoluta claridad:
“Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, de toda tu alma y con todas tus fuerzas.”
Deuteronomio 6:5
“Amarás, pues, a Jehová tu Dios, y guardarás sus ordenanzas… todos los días.”
Deuteronomio 11:1
El verdadero amor nunca es pasivo.
El que ama da.
El que sólo quiere, demanda.
Muchos quieren a Dios por lo que Él da. Pocos lo aman por lo que Él es.
Dios mismo nos mostró la esencia del amor:
“De tal manera amó Dios al mundo, que dio…” (Juan 3:16)
El amor siempre se expresa, siempre se entrega, siempre actúa.
¿CÓMO ESPERA DIOS QUE LO AMEMOS?
Jesús lo definió como el mandamiento más importante:
“Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.”
Marcos 12:30
Con todo tu corazón
Con tus valores, prioridades y afectos.
Con toda tu alma
Tus pensamientos, emociones y voluntad.
Con toda tu mente (dianoia)
Tu imaginación, tu enfoque.
Así como dos jóvenes enamorados que no pueden dejar de pensar el uno en el otro.
“¡Cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.” (Salmos 119:97)
Con todas tus fuerzas
Tu cuerpo, tu energía, tu esfuerzo.
En resumen: con toda tu vida.
CÓMO SABER SI DE VERDAD AMAS A DIOS
No es tan complicado como parece. Basta preguntarte:
¿Qué estoy dispuesto a darle sin que Él me lo pida?
¿Qué estaría dispuesto a sacrificar, entregar o cambiar por amor a Él?
El amor verdadero mueve a las personas a hacer cosas sorprendentes:
Ana entregó a su anhelado hijo.
Sara, aun a los 90, estuvo dispuesta a creer.
Moisés interrumpió sus años de retiro para obedecer.
Mateo dejó un empleo seguro del gobierno.
El apóstol Juan siguió predicando aunque intentaron matarlo.
El amor a Dios siempre provoca acciones extraordinarias.
DAVID: UN CORAZÓN QUE AMÓ A DIOS HASTA LA VEJEZ
David se enamoró de Dios desde su juventud, y ese amor nunca se apagó. Él quería construirle un templo… y aunque Dios decidió que sería Salomón quien lo levantaría, David hizo algo increíble:
“Yo, con grandes esfuerzos, he preparado para la casa de Jehová…”
1 Crónicas 22:14
Lo dio todo: años de trabajo, recursos, riqueza, dedicación. Preparó materiales equivalentes a miles de millones en valor actual.
Y todo para un templo del tamaño de una capilla, que siglos después sería destruido por los babilonios.
¿Por qué hacerlo?
¿Por qué invertir tanto en algo tan pequeño y tan temporal?
La respuesta es sencilla y poderosa:
Amor.
DIOS SIGUE MIRANDO LO MISMO HOY
Mientras Salomón construía, Dios le habló:
“Si obedeces mis mandamientos, yo cumpliré mi promesa… y habitaré con mi pueblo.”
1 Reyes 6:11–13
Hoy somos templo del Espíritu Santo. Pero el principio no ha cambiado:
Dios mide nuestro amor no por lo que decimos,
sino por cuán dispuestos estamos a obedecerle, honrarle y ofrecerle lo mejor.
El amor a Dios siempre se expresa.
Siempre transforma.
Siempre entrega.
REFLEXIÓN FINAL
Dios ya demostró su amor por ti… completamente, sin reservas.
Ahora Él te invita a demostrar el tuyo por Él.
No desde la obligación,
ni desde el miedo,
sino desde un corazón que entiende que amar a Dios es el privilegio más grande de la vida.
“Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.”
I Juan 4:19
¿Qué estás dispuesto(a) a hacer —o a entregar— por amor a Él?
Con cariño,
Sydney Stair