Dios no nos trajo hasta aquí para volver atrás
Por:~Sydney Stair
Caminar con fe es entender que nuestra vida es una carrera de transformación continua. Como nos recuerda 2 Corintios 3:18, al mirar la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria. Este proceso no es estático ni retrocede; es un avance constante hacia la imagen de Cristo. Debemos comprender que cada paso que hemos dado bajo su guía tiene un propósito divino. Dios no es un arquitecto que deja obras a medias; Él ha edificado una casa en nosotros y no tiene intención de mudarse, sino de perfeccionar cada rincón de nuestro ser a medida que avanzamos en Su luz.
Aceptar que aún no somos perfectos es el primer paso para correr con libertad. Siguiendo el ejemplo del apóstol Pablo en Filipenses, debemos adoptar la disciplina de olvidar lo que queda atrás. El pasado, con sus errores y sus pesos, ya no tiene poder sobre nosotros si nuestra mirada está fija en lo que está delante. Proseguir a la meta significa reconocer que fuimos alcanzados por Cristo con un objetivo específico. No corremos sin rumbo; corremos porque hay un premio supremo y un llamamiento celestial que nos impulsa a no detenernos jamás.
En esta carrera de la fe, no estamos solos, sino rodeados por una "grande nube de testigos" que nos inspiran a perseverar. Hebreos 12:1 nos insta a despojarnos de todo peso y del pecado que intenta asediarnos. Un buen corredor sabe que para llegar a la meta debe viajar ligero y mantener la paciencia. La vida espiritual no siempre es una prueba de velocidad, sino de resistencia. Aunque a veces sintamos que no vamos a la cabeza, lo importante es no devolverse. El Reino de Dios es para los que persisten, para los que entienden que el camino recorrido es solo el preludio de algo mucho mayor.
Finalmente, descansa en la seguridad de las promesas de Dios. Ten la certeza de que Él no te salvó para que te pierdas, ni te levantó para dejarte caer. Si Él te llamó, no es para luego darte la espalda, sino para caminar a tu lado hasta el final. Dios no conoce el retroceso; Su naturaleza es siempre redimir, restaurar y avanzar. Por lo tanto, cobra ánimo y fortalece tus pasos. No importa cuán difícil parezca el tramo actual, recuerda siempre esta verdad inamovible: Dios no te ha traído hasta este punto de tu vida para que vuelvas atrás, sino para que conquistes la meta que Él ya diseñó para ti.
Con cariño,
Sydney Stair